¿Truco o trato?

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No contestes el teléfono. No abras la puerta. No intentes esconderte. No te vayas, puede que no vuelvas. Y, sobre todo, no te fíes de nadie. Termina octubre. Llega noviembre. El paso de un mes al otro trae sustos, fantasmas, miedo, terror. Y nos encanta.

 

Se acerca la noche de los muertos, la noche de los difuntos, Samaín, como preferimos llamarlo por tierras gallegas, o Halloween. El 31 de octubre se convierte en una noche especial donde la luna, por flaca que esté, se llena, el cielo se cubre de niebla, las brujas cogen sus escobas, los murciélagos salen de sus escondites y los espíritus deambulan y se confunden entre los vivos. Es una noche para honrar a los que ya no están y pasarlo... terroríficamente bien a su costa.

 

Halloween es la fiesta de los disfraces que asustan, de las calabazas que iluminan la temida oscuridad con sonrisas y miradas malvadas, de llamar a las puertas y recibir caramelos, de las bromas pesadas. Procedente del mundo anglosajón, Halloween se celebra ya en todo el mundo. Se dice que su nombre deriva de la expresión escocesa All Hallow´s Eve o Noche de todos los Santos (hallow ya no existe como sustantivo, aunque existe el verbo to hallow que significa santificar).

 

Para conocer sus orígenes hemos de remontarnos a la tradición celta. Los pueblos celtas celebraban el fin del verano con una fiesta llamada Samhain. Esta despedida de la época estival significaba también el fin de la recogida de los cultivos y la bienvenida de su año nuevo con la luna llena presidiendo su firmamento. Pero la llegada de los romanos supuso no sólo la invasión de territorios, sino también la extinción de tradiciones paganas. Ellos transformaron esta fecha en el Día de todos los Santos, es decir, en Halloween.

 

El Samhain cambió de nombre, pero no de fórmula y sus prácticas se mantuvieron o recuperaron en el tiempo. Según la mitología celta, en Samhain se expanden las fronteras del mundo de los muertos para que estos accedan por un día al mundo de los vivos. Era, por lo tanto, un momento de reunión entre los de aquí y los del más allá a quienes se les ofrecía comida en el umbral de las puertas de las casas. Esto puede recordarnos al «Truco o trato» (trick or treat) tan visto en series y películas anglófonas, pero que ahora se emula también entre nuestros niños, que, en su versión inglesa y americana recitan versos en las puertas de sus vecinos a cambio de caramelos y gominolas. Normalmente, tanto ellos como los adultos van disfrazados con trajes de fantasmas, brujas o seres malvados y se suelen dar sustos y hacer bromas pesadas durante esta noche encantada.

 

  Trick or Treat! Trick or Treat!

Give me something good to eat.
Give me candy. Give me cake.
Give me something good to take.

 

Los irlandeses llevaron con ellos esta festividad y sus costumbres cuando emigraron a EEUU a finales del siglo XIX. Sin embargo, como allí no había nabos ni remolachas, optaron por la calabaza para hacer sus jack-o´-lantern. Jack-´o-lantern son calabazas que dejan de ser vegetales para convertirse en cabezas terroríficas. Se abre una tapa en la parte superior, se extrae la pulpa del interior y se pone una vela cuya luz saldrá por la sonrisa y los ojos malévolos que se tallan desde fuera. En algunos pueblos de Galicia, donde el Día de los Difuntos se sigue llamando Samaín, guardan la calabaza seca y la utilizan como máscara para el Carnaval o Entroido.

 

Halloween es la noche en que los muertos vuelven a la vida, de los zombies que deambulan por las calles, de vampiros que buscan sangre nueva, de criaturas que salen a hacer pequeñas travesuras, de brujas que sobrevuelan nuestros cielos, de monstruos que salen de nuestros armarios y de debajo de nuestras camas. Y, por supuesto, Halloween es la noche de las historias de miedo y del cine de terror. En estas fechas se revisitan clásicos como Pesadilla en Elm Street,la saga de Michael Myers, HalloweenCarrie o La matanza de Texas, de Tobe Hooper. Aunque si eres más de sustos que de terror y gore, puedes ver Scream, que el año pasado cumplió 20 años, o The Faculty. Y si ni unas ni otras te convencen, puedes reunirte con tus amigos, poner en el micro unas palomitas y pasar un buen rato con Beetlejuice, Pesadilla antes de Navidad o La familia Addams. Por cierto, ¿las has visto ya en versión original? También es un buen momento para leer Frankestein, de Mary Shelley, Drácula, de Bram Stocker, o It, de Stephen King, los tres libros con adaptaciones cinematográficas que seguro ya has visto.

 

 

En cualquier caso, no contestes el teléfono. No abras la puerta. No intentes esconderte. No te vayas, puede que no vuelvas. Y, sobre todo, pásatelo en grande.

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